y después del vermut en la playa… una pizza para llevar!

Sábado. Dos amigos. Muchas historias que contarse y mucho tiempo por delante. ¿Te espera alguien para comer? A mí tampoco.

El cielo estaba nublado y hacía un poco de aire pero no importaba. Le daba un toque nostálgico al encuentro; al estilo de las ‘largas tardes de domingo de sofá, manta y libro’ en las que parece que tu mundo se paraliza por unas horas mientras el resto, afuera, sigue girando.

La hora del vermut se convirtió en la hora de comer. Las cervecitas nos habían afectado un poco (cómo voy a desaprovechar una buena clara fresquita!). Casualmente, no muy lejos de donde estábamos teníamos la Pizzería Boscos en la que preparan unas pizzas (con y sin gluten) riquísimas. Una llamadita y ‘en 15 minutos podéis pasar a recogerlas’.

Todo iba rodado. Un placer de día.

El momento estrella fue cuando mi amigo salió de la pizzería con nuestro encargo y yo desde el coche le indiqué con señas que por favor me cogiera una Daura. Él, sonrió satisfecho y levantó la mediana para mostrármela. Cosas que pasan tras años de amistad 😀

pizza de quesos, cebolla y jamón

La tarde podía seguir tan bien como había empezado. Y así fue. La hora del vermut se convirtió en la hora de cenar. Estos son los pequeños pero grandes momentos que te llenan el alma. Esos momentos auténticos con los tuyos.

Qué a gusto que dormí ese día 😀

Os dejo una versión chula de la canción Cup Song. ¡Ya veréis qué talento!