y después del vermut en la playa… una pizza para llevar!

Sábado. Dos amigos. Muchas historias que contarse y mucho tiempo por delante. ¿Te espera alguien para comer? A mí tampoco.

El cielo estaba nublado y hacía un poco de aire pero no importaba. Le daba un toque nostálgico al encuentro; al estilo de las ‘largas tardes de domingo de sofá, manta y libro’ en las que parece que tu mundo se paraliza por unas horas mientras el resto, afuera, sigue girando.

La hora del vermut se convirtió en la hora de comer. Las cervecitas nos habían afectado un poco (cómo voy a desaprovechar una buena clara fresquita!). Casualmente, no muy lejos de donde estábamos teníamos la Pizzería Boscos en la que preparan unas pizzas (con y sin gluten) riquísimas. Una llamadita y ‘en 15 minutos podéis pasar a recogerlas’.

Todo iba rodado. Un placer de día.

El momento estrella fue cuando mi amigo salió de la pizzería con nuestro encargo y yo desde el coche le indiqué con señas que por favor me cogiera una Daura. Él, sonrió satisfecho y levantó la mediana para mostrármela. Cosas que pasan tras años de amistad 😀

pizza de quesos, cebolla y jamón

La tarde podía seguir tan bien como había empezado. Y así fue. La hora del vermut se convirtió en la hora de cenar. Estos son los pequeños pero grandes momentos que te llenan el alma. Esos momentos auténticos con los tuyos.

Qué a gusto que dormí ese día 😀

Os dejo una versión chula de la canción Cup Song. ¡Ya veréis qué talento!

 

Un regalo caído del cielo

Al capone cerveza sin gluten

Tienes hambre. Es hora de comer. Ves una hilera de restaurantes, uno al lado del otro. Todos parecen iguales pero… de repente ves un cartel que dice: “Eres celíaco? No es un problema”. Sientes que es tu día de suerte.

Este restaurante de tapas, pizzas y pasta está ubicado en el puerto de Torredembarra. Se llama “Al Capone da Franco”. Es un rincón precioso, tranquilo, ideal para disfrutar de una comida relajada. Si podéis poner los teléfonos en silencio y guardar los relojes, mucho mejor. El sitio se lo merece.

Las mesas situadas en la terraza exterior tienen vistas directas a las barcas que están atracadas en el puerto. Una escena idílica, ¿verdad? 

El dueño tiene controladísima la carta. Cuando me dijo que tenían chipirones rebozados con harina de maíz… no lo dudé! Una de chipirones! Hacía siglos que no me comía unos.

Al capone

Me sorprendió que tuvieran pasta rellena sin gluten. Normalmente solamente tienen la opción de pasta tipo spaguettis o macarrones. Así que pedimos unos raviolis al pesto y la pizza Calogero con salsa boloñesa y verduras asadas. Todo para compartir. La pasta me pareció realmente buena. La pizza también pero para mi gusto hubiera estado mejor un poco más tostadita y gratinada.

Fue un detalle que viniera a saludarnos la dueña el restaurante. Me comentó que ella también es celíaca y que por esta razón ofrecen una carta tan extensa sin gluten.

El ‘icing on the cake’, cómo dirían en Inglaterra o ‘la guinda del pastel’ cómo diríamos aquí fue, nunca mejor dicho, el postre. Un brownie sin gluten, casero, alucinante. Esponjoso, sabroso, nada seco, con una muy buena combinación de frutos secos y chocolate negro… nos lo sirvió caliente, con un poco de nata al lado, y cuando inqué la cucharadita en esa pequeña porción de placer… supe que sería de los buenos. Un ‘must do’ en toda regla.

Al capone brownie

Fue un regalo caído el cielo. Lo recomiendo absolutamente.

En total, los 3 platos, bebida, postre y cafés nos salió por unos 53 euros.

Os dejo con un poco de dream-pop de las gemelas Kiley, tal y cómo ellas mismas se definen.